Llegó el año 2020 y supuso un cambio radical para mucha gente, para el mundo, para mí. Fui testigo y viví el intenso período y la magnitud de la pandemia de una manera muy diferente y particular. En aquel entonces vivía en la ciudad de Nueva York, una de las ciudades más afectadas del mundo por tal evento. Trabajaba como electricista en las morgues temporales que la ciudad estaba construyendo. Lo hice durante nueve meses. Fue un caos. Empecé a cuestionar muchas cosas: la vida, mis creencias, mis sentimientos. Viví momentos de ansiedad, depresión y angustia.